—Has trabajado muy bien, Pello—me dijo—; tú vas a llegar más lejos que yo.
—¡Ca! No crea usted.
—Sí, sí. Le he leído tus informes a la Reina y ha quedado entusiasmada.—A ese joven le tengo que ayudar—me ha dicho.
—Sí; no digo que no me ayude, pero yo no tengo gran ambición. No siento, como usted, el deseo de mando. Por ahora, me divierte el peligro, la aventura, pero nada más; dentro de poco me gustará la vida tranquila y la buena mesa.
—Hombres de poca fe.
—Mejor sería decir hombres de poco nervio.
—Sin embargo, para tu edad has hecho cosas. Eres casi un diplomático, cuando otros con tus años son unos niños zangolotinos.
—Y ahora, ¿qué vamos a hacer? ¿Qué tiene usted en proyecto?
—He estudiado un plan para prender al Pretendiente. Yo creo que está bien concebido, pero lo discutiremos en detalles. No digas nada a nadie.
—Esté usted sin cuidado.