IX.
AVIRANETA, DE NUEVO
En los primeros días de enero de 1839 se presentó Aviraneta en Bayona. Estuvo unas horas en una fonda y se trasladó después a una casa de huéspedes modesta de cerca de la Catedral, en la calle de la Moneda, o calle Nueva.
Me avisó para que fuera a verle, y lo encontré en la cama.
—Vengo acatarrado—me dijo—; he hecho un viaje malísimo.
—¿Pues qué le ha pasado a usted?
—He venido por Zaragoza, Jaca y el puerto de Canfrac, que estaba cerrado por las nieves. He andado perdido, durmiendo en mesones infames, calado hasta los huesos.
—¿Y por qué no ha venido usted por Santander?
—Parece que sospechaba alguien que yo iba a volver a Bayona y se me esperaba, no con muy buenas intenciones. ¿Y cómo va esto?
Le conté lo que había hecho con toda clase de detalles.