El general Jáuregui, para entonces, tendrá extendidos dos partes: uno para el ministro de la Guerra, el otro para el general en jefe del ejército de la Reina, contando el hecho y notificándoles que el Pretendiente se halla a bordo de un barco inglés y que va a ser conducido a San Sebastián.
Los vapores regresarán con rumbo a Pasages. Al cruzar por las aguas de Guetaria, el general Jáuregui avisará al jefe de las trincaduras el haberse realizado la expedición.
Llegado a la vista de San Sebastián se desembarcará al Pretendiente y a su hijo, con la escolta correspondiente.
En el inesperado caso de que el sargento Elorrio y sus compañeros de expedición no pudieran regresar a Zumaya a la hora convenida, y que para las cinco de la mañana no se hubiesen presentado, los doscientos chapelgorris se apoderarán del pueblo, sin permitir que ningún vecino salga de la villa, ni por tierra ni por mar, y vigilarán todas las embarcaciones del puerto, como quechemarines, lanchas y botes.
Permanecerán en el puerto hasta las diez de la mañana, en espera del sargento Elorrio y sus compañeros, y si no hubiesen llegado para esta hora, se embarcarán en los vapores ingleses e irán por cerca de la costa, despacio, por las aguas de Guetaria y Zarauz, para ver si pueden distinguir a sus compañeros. De ser posible, lord John Hay y el general Jáuregui dirigirán personalmente la expedición.—Bayona, enero de 1839.—Eugenio de Aviraneta.»
El proyecto me pareció muy bien; únicamente encontré que era un poco demasiado seco al hablar del comodoro inglés y del general Jáuregui, y que ordenaba de una manera un tanto napoleónica. Así que añadí algunas fórmulas de cortesía y metí, por aquí y por allá, algunos excelentísimo señor.
Al día siguiente salí de Bayona y llegué a San Sebastián. Me presenté a don Lorenzo Alzate, y éste avisó al jefe político y al general Jáuregui. Les leí el plan de Aviraneta, y se decidió que Jáuregui, Amilibia y yo fuéramos a Pasages a visitar al comodoro.
LORD JOHN HAY
Marchamos los tres, en coche, a Pasages, y nos embarcamos en una lancha, conducida por una batelera, una chica joven y fuerte. Jáuregui le hizo algunas preguntas en broma, y ella contestó con gracia y desgarro.
La batelera nos llevó al costado de una hermosa fragata inglesa; subimos la escala del barco y llegamos sobre cubierta.