Lord John Hay tendrá preparados dos vapores y un aviso en el puerto de Pasages.

Se escogerá una noche obscura, a ser posible lluviosa; se embarcarán los doscientos cincuenta hombres a bordo de los vapores. De antemano se llevarán, en cajones cerrados y en los mismos vapores, cincuenta y una levitas cortas, iguales a las que usan los chapelchuris, o sean los soldados carlistas del quinto batallón de Guipúzcoa; cincuenta y una boinas blancas, ciento dos pistolas y cincuenta y un puñales.

Levadas anclas, de cinco a seis de la tarde, tomarán los vapores rumbo a alta mar para despistar a los curiosos, si los hay; y después se dirigirán a Zumaya. A la misma hora de zarpar los vapores saldrán tres o cuatro trincaduras, al mando de uno de los comandantes del general Jáuregui, con destino a Guetaria. El comandante será portador de un pliego cerrado para el jefe de la fortaleza, y en el pliego se le recomendará a éste que se halle preparado, por si los expedicionarios tuvieran que acogerse a Guetaria.

Ya en el mar la expedición, los cincuenta soldados y el sargento Elorrio abrirán los cajones y sacarán las levitas iguales a las de los chapelchuris, y las boinas blancas, y se pondrán los nuevos trajes, y se armarán. Llevarán en el morral una cantimplora con aguardiente, media libra de salchichón y un pan de dos libras.

Los vapores deberán estar hacia las ocho de la noche delante de la punta de Izustarri, entre Guetaria y Zumaya. Desembarcarán, primero, el sargento Elorrio con sus cincuenta hombres, y al momento marcharán camino de Azcoitia, sin pasar por ningún pueblo ni tocar en ningún caserío. Después desembarcarán los doscientos hombres y vigilarán la costa, la punta de Izustarri, la de Arrauna y la playa de Santiago, hasta la desembocadura del Urola, prendiendo a todo el que pueda darse cuenta de la novedad.

Las lanchas permanecerán a poca distancia de tierra.

El sargento Elorrio y sus compañeros estarán en Azcoitia de diez y media a once de la noche, lo más tarde; no preguntarán nada a nadie. Deben emplear, lo más, una hora en la prisión del Pretendiente y su hijo. A las dos o dos y media de la mañana estarán de regreso. Cuando se encuentren a media legua del sitio del desembarco echarán tres cohetes en dirección a la playa de Santiago, con tres minutos de intervalo. Al cuarto de legua, otros tres.

Los chapelgorris contestarán a esta señal con cinco cohetes, para indicar que la playa está franca.

Los expedicionarios llevarán con ellos dos paquetes de cohetes: uno para el sargento Elorrio, que lo esconderá en el camino, para recogerlo a su regreso, y al aproximarse a Zumaya, de vuelta de la expedición, servirse de los cohetes anunciando su llegada; el otro lo guardarán los otros chapelgorris para contestar a sus compañeros indicándoles que pueden avanzar hacia la punta de Izustarri y la playa de Santiago, sin temor.

En seguida empezará el embarque en los vapores.