—Eres un joven de una familia acomodada del comercio, a quien han enviado a aprender francés a Bayona y a estar fuera de la lucha carlista.

—Muy bien. Comprendido.

Me despedí de Aviraneta y fuí marchando después hacia el centro del pueblo. Mi vida en Bayona comenzaba de una manera rara y pintoresca.


IV.
ALGO DE MI INFANCIA

No sé si lo que he contado de mí mismo en esta larga obra habrá bastado a los lectores para conocerme.

De chico fuí yo un poco bárbaro, valiente, reñidor y turbulento. Tenía un amor propio exagerado. Esto hizo, principalmente, que no pudiera acomodarme a vivir en mi casa con mi padrastro. Era, sobre todo, terco, y cuando me decidía a hacer alguna cosa no retrocedía jamás.

Los compañeros de la escuela, en Vera, que lo sabían, se burlaban de mí.