—¡Usted! ¡Derecho!
—¿Por qué no? Aunque yo tenga una posición modesta...
—Aquí no se trata de la modestia de su posición. Se trata de la vida que está usted haciendo—me dijo doña Mercedes.
—¡Yo!
—Sí, tengo informes ciertos y fidedignos. Hace usted la vida de un hombre vicioso, sin fe y sin conciencia. No quiero hablar.
—Es que me he metido en una clase de asuntos... Su amigo de usted, don Eugenio...
—No sea usted mentiroso. No creo que Eugenio le haya aconsejado el seducir muchachas y abandonarlas, ni el desunir matrimonios.
—¿Yo he hecho eso?
—Sí, y no me tiente usted la boca. Eugenio siempre ha sido un hombre honrado. Habrá tenido ideas falsas en política y en religión, pero ha sido un caballero.
—¿Y yo, no?