OFRECIMIENTO
Girovanna me explicó después sus sufrimientos y me habló de lo solo que estaba en París. Luego me dijo que le gustaría vivir conmigo y que me cedería sus trabajos gramaticales y sus procedimientos y recetas químicas, para que yo los explotara.
—Sí, pero yo tengo que volver a España—le dije.
—Lo comprendo. Usted es un hombre de mundo, tiene usted otros planes. Además, ¿quién se amarra a un barco viejo como yo que va al fondo?
Le miré al abate con tristeza. Realmente no era mas que un pobre hombre con una imaginación exaltada.
Antes de marcharse, Girovanna me dió dos frascos: uno de un narcótico y otro de un perfume. Al día siguiente tomé yo el camino para Bayona, donde llegué con cinco francos.