Bertache me contó que en el convento de San Francisco de Estella habían andado los frailes a linternazos, después de una disputa en que unos se pusieron a favor y otros en contra de Maroto.

Fuimos a otro grupo.

—Maroto es el protector de todos los pícaros y ateos—decía un viejo apostólico—, un masón más.

Todos suponían que se entendía con los liberales.

Las noticias que pude recoger aquel día eran de la misma índole. Al parecer, el general García tenía comprometidos al batallón de Guías de Navarra, al 5.º y al 9.º, para el movimiento antimarotista.

Los puros, como se decían ellos, tenían gran confianza en su triunfo.

Creían que la trampa que habían preparado para Maroto, y que, según decían, había perfeccionado Carmona, era una maravilla de maquiavelismo y de precisión, y dormían tranquilos.


IV.
LOS CONJURADOS