Mosén Pau vivía en una casa de la calle de la Carnicería Vieja, y todo su entretenimiento era ir al campo y tirar al blanco con una pistola sobre botellas vacías, huevos vacíos, etcétera. Para este cura, tirador al blanco, no había hisopo que tuviera el encanto de una carabina o de cualquiera otra arma de fuego, ni agua bendita tan agradable como la pólvora.
En la misma casa de mosén Pau, en una guardilla, vivía otro carlista viejo, arruinado por la causa. Era un hombre de cerca de setenta años, con varias cicatrices profundas en la cara. Iba a casa de los españoles pudientes y esperaba a la puerta horas y horas, embozado en una capa raída y apoyado en un bastón, a que le dieran una limosna. Si recibía algunos cuartos, saludaba dignamente y se marchaba.
Era también contertulio de la taberna un tipógrafo de la imprenta de Lamaignere, donde trabajaba como corrector de pruebas. Este tipógrafo se llamaba Barbanegre: era hombre de unos cuarenta años, muy culto; muy enterado de la política y de los asuntos españoles, y muy aficionado al vino.
Para publicar algunas hojas, cuyos originales me envió Aviraneta, me entendí con Barbanegre y fuí a la imprenta de Lamaignere, que estaba en la calle de Bourg-Neuf del Pequeño Bayona, una de las calles más frías y más húmedas del pueblo.
Un día me encontré a mosén Pau; me dijo que estaba Tristany en Bayona y que iba a verle. Me invitó a comer con ellos.
Fuimos a un fonducho miserable de la calle de los Toneleros, obscuro y húmedo, y allí conocí a Tristany, que andaba vestido de cura y se preparaba a entrar de nuevo en Cataluña. Mosén Pau y Tristany se pusieron a discutir, en catalán, con tal violencia, que parecía que estaban dispuestos a matarse. Dejé a estos dos energúmenos con placer.
TERTULIA EN LA LIBRERÍA
Barbanegre, el cajista, me llevó a la librería de Mocochain, sucesor de Gosse, donde me presentó al librero, que era un señor ya viejo. Yo quería suscribirme a una librería circulante, y me suscribí allí.
Había otro librero en Bayona llamado Larroullet, que prestaba libros, y un salón de lectura en la plaza de Armas.