Es la influencia de la vejez y del retorno a lo antiguo.

Actualmente, este gusto no es un gusto a la moda, porque el público de hoy desea la solemnidad y que el poeta, el músico, el cantor y el bailarín tomen aires de sacerdotes; pero, en fin, no me preocupa gran cosa estar a la moda.

INCOMPRENSIÓN

Delfina era muy partidaria de la aristocracia; yo me sentía entonces rabiosamente demagogo. Hoy tampoco lo soy. No se puede creer que un hombre, por el hecho de pertenecer a una familia aristocrática, sea sólo por eso noble y distinguido; ni al revés: que un hombre, porque su familia haya sido obscura, sea un bruto; pero que en el régimen de vida actual hay mucho en el individuo que se pega de la familia, es indudable.

Delfina me preguntó por los Leguías, y cuando le dije que tenían su escudo, le pareció bien.

La verdad es que hay una incomprensión completa entre las personas de los distintos países.

Delfina aceptaba únicamente su punto de vista francés; más, era un defecto; menos, también.

Creía, como un dogma, que el idioma francés era bonito, y el alemán y el inglés, feos. Yo le decía:

—Para mí un idioma es bonito si se entiende. Si no se en en tiende y no se ha oído, todos los idiomas parecen absurdos. La prueba está en los chicos. Un chico oye hablar a un extranjero y se burla de él; le parece ridículo.