Mucho de mi malhumor se convirtió en autocrítica.

—Qué bruto soy—pensaba muchas veces—. ¡Qué farsantería hay dentro de mí! ¡Me emborracho de petulancia y de deseo de ser interesante!

Entre los demás y yo mismo me habían laminado. Aviraneta, doña Paca Falcón, madama Laussat, Delfina, la madre de Corito, me habían alargado y estrechado y puesto en el lecho de Procusto. Iba perdiendo toda espontaneidad y toda alegría.

Hablando de esto, Delfina me decía:

—Se va usted haciendo hombre, y antes era usted un niño.

La verdad, no agradecía el cambio.


SEGUNDA PARTE
DANDYSMO

EN LA FRONTERA DEL TIROL