Es lo que había pensado yo también siempre; en contra de la moral familiar, de la modestia y de la humildad.

LA MORAL DE LA CORTESANA

La idea de considerar el placer como complemento de la educación me produjo cierta sorpresa. Es una idea del siglo xviii que desapareció, sin duda alguna, con las predicaciones en favor de la austeridad de la Revolución Francesa: «El placer—indica el lord a su hijo—es hoy la última rama de vuestra educación: él endulzará y pulirá vuestras maneras, os impulsará a buscar y a adquirir la gracia».

Aquí estaba uno dentro de la moral de la cortesana.

«Las cenas, los bailes, son ahora vuestras escuelas y vuestras universidades... No hagáis sacrificios mas que a las Gracias. Sacrificad en su honor hecatombes de libros».

«Las mujeres son las refinadoras del oro masculino; ellas no añaden, es verdad, pero dan el resplandor y la brillantez».

Cuando el noble lord se siente maestro de baile le dice a su hijo: «Antetodo, tened maneras».

Además de la moral de la cortesana y de la estética del maestro de baile, hay en el autor inglés los consejos de un diplomático y de un hombre de mundo, tipo quizá intermedio entre la cortesana y el maestro de baile.

He aquí unas máximas suyas reunidas: Leed mejor diez hombres que veinte libros antiguos. Hay que conocer y amar lo bueno y lo mejor, pero no hacerse el campeón de lo bueno contra todos. Es preciso saber tolerar las debilidades de los demás, dejarles disfrutar tranquilamente de sus errores en el gusto como en la religión.