—Creo que este cuarto es el más estratégico—dijo Aviraneta.

—Tiene el inconveniente de que está ocupado—advirtió Leguía, señalando un baúl y una caja, puestos en el suelo.

—Aquí estuvieron anoche un señor de Viana y su hija; pero cuando a esta hora no han venido, es que no se encuentran en Laguardia.

—Si por casualidad llegan dirán que tenemos la gran frescura.

—¡Pse! ¿Qué importa? Voy a coger mis maletas y a traerlas aquí.

—¿Guarda usted cosas importantes dentro?

—¡Importantísimas!—contestó, bromeando, Aviraneta.

Fueron a un cuarto del otro extremo, y entre los dos trasladaron el equipaje.

—Aquí estamos mejor—murmuró Aviraneta—; podemos primero hacernos cargo de las intenciones de esa gente. ¿Que entran aquí, en esta sala? Nos refugiamos en la alcoba. ¿Que llegan a forzar la puerta de la alcoba? Podemos descolgarnos por la ventana.