—No; en la provincia de Burgos. El trabuco no sólo ha sido arma de bandidaje; también ha sido arma patriótica.
Aviraneta, que había concluído de cargar el fusil y la pistola, los dejó con cuidado encima del velador. Después sacó del fondo de su maletín un puñal y un cordón de seda, de diez a doce varas.
—Ahora veremos lo que nos reserva la noche—murmuró sonriendo con aire de fuina.
—Veremos—repitió Pello.
—Tú no te alarmas, ¿eh?
—Yo, no. Como diría el otro: ¿para qué?
¿ENTENDIDO?
—Me gustan los hombres templados. Reconozcamos nuestros medios de defensa. ¿La puerta se cierra bien con la tranca?
—Sí; pero se tarda mucho en sujetarla.