—Muy bien.

—¿No encuentras ninguna dificultad?

—Ninguna. Lo único que se me ocurre es que me parece mejor que metamos la lámpara en la alcoba y dejemos la vela aquí; la vela les ha de durar menos que la lámpara.

—Está bien pensado eso, Pello. No nos conviene que tengan una luz clara y constante.

—Y hasta podríamos hacer...

—¿Dejar un cabo de vela sólo?

—Eso es.

—Que durará lo bastante para disparar sobre ellos.

—Exacto.

—Veo que nos entendemos admirablemente.