—¿Y la segunda parte?

—La segunda parte la iremos pensando después.

—Bueno. ¿Cierro la puerta?

—Sí, ciérrala. Vamos a poner el sofá y la mesa de barricada.

Los dos, de puntillas, sin hacer ruido, llevaron los muebles delante de la puerta del cuarto.

—¿Qué hacemos ahora?—preguntó Leguía.

—Ahora, nada. Si quieres, puedes dormir un rato, Pello. Echate en la cama, y si no hay novedad, luego me echaré yo.

Pello se tendió, y al poco rato estaba dormido. Aviraneta se quedó leyendo a la luz de la lámpara.

IV.
EL ATAQUE