—Se va uno haciendo viejo—murmuró—. Estas cosas ya me hacen efecto.
Aviraneta se acercó a la alcoba donde se había acostado Leguía, y quedó asombrado al verle dormir tan profundamente.
—¡Cómo duerme! A éste no le preocupa mucho que haya un muerto en la casa.
LA FILOSOFÍA DE PELLO
Aviraneta se lavó y se afeitó, y al dar las ocho llamó a su compañero.
—¡Eh, Pello! Ya has dormido bastante.
Leguía, desde la cama, entre dos bostezos, dijo:
—¿Qué hora es?
—Las ocho han dado ahora mismo.