—Habrá que vestirse.
—¡Claro!; no te vas a estar todo el día en la cama. Además, ten en cuenta que pueden venir los verdaderos huéspedes de este cuarto.
Pello se sentó en la cama.
—A ese pobre hombre le han matado por equivocación—murmuró Aviraneta, en tono sentimental.
—¿A qué hombre?
—Al de ayer. ¿A cuál va a ser?
—¡Ah!
—¿Ya no te acordabas?
—Sí. ¿Y dice usted que le han matado por equivocación?
—¡Claro! El golpe iba dirigido a mí.