—Venga la proposición.

—¿Quieres venir conmigo, sí o no?

—¿A qué?

—Eso te lo explicaré más tarde. Si vienes conmigo, trabajaremos juntos, intrigaremos juntos, quizá tengamos que defendernos juntos...

—Muy bien; nos defenderemos juntos...

—Yo no, porque soy viejo...

—¡Hombre, no es usted viejo!

—Tengo cuarenta y seis años, y he vivido bastante. Yo, no; pero tú puedes llegar a ser lo que quieras: general, ministro, archipámpano... Yo te ayudaré... ¿te conviene?

—Me conviene. ¿Me protegerá usted también para casarme con Corito?