—Y usted otro.

—¿De manera que para ti la moral no es nada?

—¡La moral! Es una cuestión de estómago, don Eugenio.

—¿Cómo de estómago?

—Sí; de estómago. Se tiene el estómago malo, pues es uno moral, porque no tiene uno apetito; pero se tiene buen estómago, y es uno inmoral necesariamente.

—Y ¿tú eres inmoral?

—En este momento, sí, porque tengo apetito.

—¡De manera que para ti la moralidad es un catarro gástrico... ¡Qué teorías! Eres un pagano, Pello. Bueno, vamos a comer.

Entraron en el comedor. Aviraneta se sentó en la cabecera y Leguía a su lado.

—Tendrán ustedes que esperar un rato—dijo la dueña de la casa.