—¿Qué fué?

—Parece que estabais una patrulla de nacionales en Montalvo, y que hacía tanto frío, que se helaban las palabras, y que tú dijiste: «Esto no es nada; vamos a desnudarnos y a volver a Logroño a caballo y en cueros.» Los demás dijeron que era una barbaridad; pero tú, empeñado, te desnudaste y anduviste tomando el fresco unas cuantas horas por encima de la tierra helada. ¿Es verdad esto?

—Sí. Es verdad. Era uno joven y fuerte. Hoy no lo podría hacer.

—¡Bah! ¿Qué importa? Mientras haya entusiasmo y calor en el corazón.

—Eso no falta.

—Lo mismo me ocurre a mí—dijo Aviraneta.

—¿De verdad?—preguntó Zurbano, con la brutal franqueza que le caracterizaba.

—Parece que lo dudas.

—¡Y eres político!