—¿Y qué?
—Yo dudo del entusiasmo y de la buena fe de todos los políticos.
III.
VIOLENCIA CONTRA VIOLENCIA
Hubo un momento de silencio.
—Creo que te engañas, Zurbano—dijo Aviraneta, secamente.
—El que se engaña eres tú, Aviraneta—replicó Zurbano.
—Suponer que la mala fe está sólo en los políticos es un absurdo.
—¿Piensas tú que los políticos españoles son buenos?
—No. ¡Cómo voy a pensar eso! Sé que son malos; pero sé que tienen muchos de ellos tanta buena fe como los de los demás países.