—Ves a los hombres por dentro; pero no progresarás.

—Lo sé.

—Comprenderás a la gente; pero eso no te servirá de nada. Alguno dirá: «Ese hombre tiene talento, tiene valor, tiene perspicacia...» Pero te sobra una cosa: la personalidad; eres demasiado Aviraneta; no sabes pensar en los demás; te falta otra: la suerte. Detrás de ti no irá nunca nadie; tendrás que estar siempre a las órdenes de un hombre que valga menos que tú: el inteligente te temerá, el no inteligente te despreciará.

—¿Es mi horóscopo?—dijo Aviraneta.

—Parecido al tuyo.

—¿Y qué debo hacer, según tú?

—Retirarte de la vida activa.

Aviraneta quedó pensativo, y una sonrisa de tristeza frunció sus labios.

—¿Te ha molestado?—dijo Zurbano, riendo y poniendo la mano en el hombro de su interlocutor.

—No; ¿por qué? El destino está por encima de los hombres.