—El Empecinado era más humano; éste es más duro, más implacable; el Empecinado era francote, sencillo; éste es un zorro.
—Sin duda; porque desciendo de vascongados—replicó Zurbano con malicia, sabiendo que Aviraneta lo era.
—Quizá por eso. El Empecinado era como un niño, y lo hubiera sido siempre; éste es como un viejo; aquél no tenía ambición; éste la tiene; aquél era sano; éste, no.
EL HORÓSCOPO
Zurbano, que había seguido la comparación con cierta ansiedad disimulada, como hombre que oye un horóscopo en el que cree, quedó pensativo.
—¿De dónde sabes que yo no estoy sano?—preguntó.
—No lo sé. Lo supongo nada más. Cuando uno es un rabioso, un violento, es que no está sano.
—Eres inteligente, Aviraneta.
—Me tengo por tal; quizá sea una equivocación.