—¿Es usted carlista?
—Sí, señor.
—¿Lleva usted alguna misión de su partido?
—No, señor.
—¿Qué parentesco tiene usted con esa señora?
—Es mi esposa.
—¿Conoce usted a estos dos hombres?
—A éste—y señaló al de la zamarra—lo conozco. Ha sido criado mío; pero hace ya muchos años que no le veía. Al otro no le conozco.
—Está bien. ¿Sigo el interrogatorio?—preguntó el capitán a Zurbano.