En los años siguientes a 1814, cuando la primera reacción, Cadet fué uno de los mejores auxiliares de Mina y de los constitucionales españoles.

Entre algunos de los emigrados del período revolucionario, como Arrambide, Martínez y Hevia, se conservaba el recuerdo de nuestros compatriotas que habían pertenecido durante el Terror al Club Jacobino de Bayona.

De quien más se hablaba y más anécdotas se contaban era del abate Marchena.

Marchena había formado parte de la Sociedad de los Hermanos y Amigos Reunidos, en la cual era aceptado hasta el verdugo, a quien los revolucionarios habían quitado su viejo y odioso nombre, sustituyéndolo por el de vengador.

En el Club Jacobino de Bayona, Marchena pronunció un gran discurso, que se imprimió y se repartió profusamente.

Entre aquellos emigrados españoles que tenían mis tendencias y mis entusiasmos políticos hubiera vivido con gusto; pero las vacaciones terminaban, y tenía que volver a Irún.

II.
UN ESPAÑOL REVOLUCIONARIO

Desde mi conversación con Etchepare sentí grandes deseos de instruirme. Como en Irún era muy difícil adquirir libros, fuí pidiéndolos a Bayona, a la librería de Gosse.

Etchepare me enviaba, con algunas mujeres bidartinas y con las cascarotas de Ciburu, libros, folletos y toda clase de papeles.