El instrumento de todos fué el club del Obispado. Allí se tramó la conjuración antigirondina, que tuvo éxito el 31 de Mayo. Guzmán, que era uno de los nueve miembros del comité del Obispado, seguido por las turbas, marchó a Nuestra Señora de París, y luego a las iglesias de los barrios extremos, mandando tocar a rebato. El París revolucionario estaba contra los girondinos y contra la Convención.
Brissot intentó fugarse; pero detenido en Moulins, fué guillotinado en Octubre de 1793.
Los girondinos, como se sabe, fueron perseguidos y exterminados; los federales españoles de Bayona y de París, y entre ellos Marchena, que estaba preso, quedaron sin apoyo. Los montañeses habían triunfado.
La popularidad y el favor de Guzmán debían durar muy poco.
Durante unos días se habló en las galerías del Palais Royal, del español Guzmán, a quien se llamaba burlonamente Don Tocsinos, porque había mandado tocar el tocsin (la campana de alarma) la noche de la revuelta.
Dos días después, el 2 de Junio del mismo año, Guzmán era acusado por Barere, en la Convención, como agitador extranjero, y unos meses más tarde, Robespierre, que ansiaba acabar con los partidarios de Danton, prendía, entre toda la plana mayor de los montañeses, al español Guzmán.
MAGDALENA, ABANDONADA
Entonces estaba yo de guarnición en el Este de Francia; el giro que tomaban los acontecimientos en París tras de la persecución de los girondinos me disgustaba. En Estrasburgo supe la noticia de la prisión de Guzmán, y escribí una carta a Magdalena ofreciéndome a ella.
Magdalena me contestó pidiéndome que fuera. Estaba sola, en la última miseria; habían llevado a la cárcel a su criado; no podía salir de casa; se había dicho que su tío era un agente de Pitt, que cobraba de Inglaterra, y las comadres de la vecindad la insultaban.