La ventaja que tenía la azotea para salir por ella era que Zubialde no supondría que su hija fuera bastante loca para escaparse por aquel punto.
Después de discutir varios proyectos Sanguinetti y yo, decidimos intentar el rapto por la azotea. Traeríamos una escala de cuerda del campamento francés de Behovia, la sujetaríamos en mi ventana, y luego yo, dando una vuelta por el tejado y pasando por encima de una viga, bajaría hasta la azotea de casa de Zubialde y ataría el extremo de la escala en el barandado de la terraza.
Subiríamos por allí la Paquita y yo, y después, soltando la escala de arriba, la echaríamos al patio, de modo que diera la impresión de que la escala había servido para subir del patio a la terraza, y no de la terraza a mi ventana.
Luego, desde mi guardilla bajaríamos por la escalera de casa tranquilamente al portal, pondríamos un capote a Paquita, iríamos hasta la orilla del Bidasoa, cruzaríamos el río, y a Behovia.
El Aventino patrocinaba la aventura. Yo tenía que hacer volatines, y me reservaba la parte más difícil. Ganisch estaría de centinela a la puerta de mi casa, para dar la voz de alerta si ocurría algo, Pello Cortázar en la salida del pueblo y Zugarramurdi y los demás en la lancha.
Cuando supimos por la Baschili que Zubialde no cerraba el balcón que daba a la azotea, mandamos recado a Paquita que para las once de la noche estuviese preparada.
Sanguinetti se quedó conmigo en el cuarto; hacía una noche negra y sin estrellas. Dieron las once en el reloj de la iglesia y abrí sin ruido la ventana de mi guardilla.
Sujetamos entre el italiano y yo la escalera de cuerda perfectamente y la echamos arrimada a la pared. Después venía la parte mía, la más difícil. Abrí la otra ventana, saqué el cuerpo fuera y comencé a ir avanzando por el tejadillo. A las siete u ocho varas tuve que montar en una viga, y a una altura de más de cincuenta pies crucé de una casa a otra.
Cuando llegué al tejado de enfrente salté de éste a uno más bajo, y luego por el tubo de una cañería de agua, expuesto a caer cien veces, me descolgué a la azotea.