Al otro lado esperaban dos oficiales amigos de De Frassac. En un coche entramos Paquita, su novio, Sanguinetti, los dos oficiales y yo. Llegamos en poco tiempo a un castillo, próximo a Urruña, rodeado de bosques. Cruzamos el parque y entramos en una capilla iluminada. En un momento se celebró la boda.
Los novios quedaron allí; los testigos volvimos a Behovia, y yo me embarqué en la lancha, tripulada por Zugarramurdi.
A las tres de la mañana estaba en mi cuarto, acostado.
Al día siguiente hubo gran revuelo en casa de Zubialde y en el pueblo entero cuando se supo la noticia. No se llegó a aclarar nada.
Un mes más tarde Sanguinetti me trajo noticias de los recién casados, que habían ido a vivir a Pau.
Aquel incidente me hizo afirmarme en la idea de que hay que tener más ímpetu que respeto, porque, como dice Maquiavelo, la fortuna es «donna».
De todas maneras, era indispensable esperar la ocasión. ¿Vendría? ¿No vendría? Eso es lo que había de decidir mi vida.
FIN DEL APRENDIZ DE CONSPIRADOR
Itzea, Octubre, 1912.