—¿Qué decides?

—Que me quedo por una temporada.

—¿Desde cuándo?

—Desde ahora mismo, si usted quiere.

—Bueno; pues quédate también a comer con nosotros, y a la tarde empezaremos a trabajar.

Pello encontró que la suerte le favorecía demasiado, dándole una ocupación tan pronto; pero si esto casi le parecía fastidioso, en cambio, la idea de que podía vivir largo tiempo en el mismo pueblo que Corito le encantaba.

PELLO EN LAGUARDIA

A pesar de que su tío le propuso ir a vivir con él, Pello no aceptó; deseaba desde el principio gozar de alguna independencia, y se fué de pupilo a una casa de huéspedes, donde solían alojarse varios oficiales de la guarnición.

El tío José Juan era una excelente persona; la prima Anita se manifestaba muy amable con Pello; pero éste se guardó muy bien en los días sucesivos de galantearla; sus pensamientos íntegros estaban dedicados a Corito.

Pello hizo efecto en Laguardia. Corito le presentó a las personas de más viso de la ciudad. Conocía, a poco de llegar, a toda la aristocracia laguardiense. Iba a la tertulia de las señoras de la Piscina, a casa de los Ribavellosa y Manso de Zúñiga. Era el dandy de la Laguardia.