—¿Precisión? Ninguna.
—¿Te daría lo mismo marcharte dentro de unos meses o de un año?
—Igual.
—Pues mira, sobrino, si quieres quedarte aquí una temporada, te daré un buen sueldo y un tanto por ciento. Tengo la contrata de vinos para el ejército y necesito una persona de confianza que me ayude.
—¿Hay que estar en Laguardia?
—Sí, y andar al mismo tiempo por los pueblos de al lado entre las tropas. ¿Es que te da miedo la guerra?
—¿Miedo? Ninguno.
—Pues mira, piensa y decide; porque yo estoy haciendo gestiones para buscar un dependiente.
—Decido.