—Toma, ¿para qué? Para salir del pueblo.
—¡Ja... ja... ja...!—rió el tabernero.
—¿De qué se ríe usted?—preguntó Estúñiga.
—¿Tú crees que nosotros necesitamos quedarnos fuera de puertas?
—Pues si no tendrán ustedes que salir por el portal de San Juan.
—Ni por el portal de San Juan, ni por ninguno. Pregúntale al Raposo.
—¡Silencio!—exclamó el Raposo—. Me parece que estás hablando demasiado, Calavera. Cuando se tiene la cabeza dura como la tienes tú, se espera a que hablen las personas de juicio.
El Calavera refunfuñó y se calló.
—Yo tengo pensado un plan—indicó el de la zamarra—; más tarde hablaremos de eso.
—Y usted, ¿hace mucho tiempo que conoce a Aviraneta?—preguntó Pello.