La dictadura científica que Andrés pretendía ejercer, no se reconocía en la casa.

Muchas veces le dijo a la criada vieja que barría el cuarto que dejara abiertas las ventanas para que entrara el sol; pero la criada no le obedecía.

—¿Por qué cierra usted el cuarto?—le preguntó una vez.—Yo quiero que esté abierto. ¿Oye usted?

La criada apenas sabía castellano, y después de una charla confusa, le contestó que cerraba el cuarto para que no entrara el sol.

—Si es que yo quiero precisamente eso—la dijo Andrés—. ¿Usted ha oído hablar de los microbios?

—Yo, no, señor.

—¿No ha oído usted decir que hay unos gérmenes... una especie de cosas vivas que andan por el aire y que producen las enfermedades?

—¿Unas cosas vivas en el aire? Serán las moscas.

—Sí; son como las moscas, pero no son las moscas.