—No; pues no las he visto.

—No, si no se ven; pero existen. Esas cosas vivas están en el aire, en el polvo, sobre los muebles... y esas cosas vivas, que son malas, mueren con la luz... ¿Ha comprendido usted?

—Sí, sí, señor.

—Por eso hay que dejar las ventanas abiertas... para que entre el sol.

Efectivamente; al día siguiente las ventanas estaban cerradas, y la criada vieja contaba a las otras que el señorito estaba loco, porque decía que había unas moscas en el aire que no se veían y que las mataba el sol.

IV
ABURRIMIENTO

Las gestiones para encontrar un pueblo adonde ir no dieron resultado tan rápidamente como Andrés deseaba, y en vista de esto, para matar el tiempo, se decidió a estudiar las asignaturas del doctorado. Después se marcharía a Madrid y luego a cualquier parte.

Luisito pasaba el invierno bien; al parecer estaba curado.

Andrés no quería salir a la calle; sentía una insociabilidad intensa. Le parecía una fatiga tener que conocer a nueva gente.