—Ah, claro, si los hubiera. Además no tengo preparación científica. Se estudia de mala manera.

—En mi tiempo pasaba lo mismo—dijo Iturrioz—. Los profesores no sirven más que para el embrutecimiento metódico de la juventud estudiosa. Es natural. El español todavía no sabe enseñar; es demasiado fanático, demasiado vago y casi siempre demasiado farsante. Los profesores no tienen más finalidad que cobrar su sueldo y luego pescar pensiones para pasar el verano.

—Además falta disciplina.

—Y otras muchas cosas. Pero, bueno, tú ¿qué vas a hacer? ¿No te entusiasma visitar?

—No.

—¿Y entonces qué plan tienes?

—¿Plan personal? Ninguno

—Demonio. ¿Tan pobre estás de proyectos?

—Sí, tengo uno; vivir con el máximum de independencia. En España, en general, no se paga el trabajo, sino la sumisión. Yo quisiera vivir del trabajo, no del favor.