—¿Cómo se encuentra esta mujer?—le dijo.

—Muy mal.

—¿Se podrá interrogarla?

—Por ahora, no; veremos si recobra el conocimiento.

—Si lo recobra avíseme usted en seguida. Voy a ver el sitio por donde se ha tirado y a interrogar al marido.

La tienda era una prendería repleta de trastos viejos que había por todos los rincones y colgaban del techo; las paredes estaban atestadas de fusiles y escopetas antiguas, sables y machetes.

Andrés estuvo atendiendo a la mujer hasta que ésta abrió los ojos y pareció darse cuenta de lo que le pasaba.

—Llamadle al juez—dijo Andrés a los vecinos.

El juez vino en seguida.

—Esto se complica—murmuró—; luego preguntó a Andrés. ¿Qué? ¿Entiende algo?