La inteligencia, la fuerza física, eran también menores entre la gente del pueblo que en la clase adinerada. La casta burguesa se iba preparando para someter a la casta pobre y hacerla su esclava.
VI
LA TIENDA DE CONFECCIONES
Cerca de un mes tardó Hurtado en ir a ver a Lulú, y cuando fué se encontró un poco sorprendido al entrar en la tienda. Era una tienda bastante grande, con el escaparate ancho y adornado con ropas de niño, gorritos rizados y camisas llenas de lazos.
—Al fin ha venido usted—le dijo Lulú.
—No he podido venir antes. Pero ¿toda esta tienda es de usted?—preguntó Andrés.
—Sí.
—Entonces es usted capitalista; es usted una burguesa infame.
Lulú se rió satisfecha; luego enseñó a Andrés la tienda, la trastienda y la casa. Estaba todo muy bien arreglado y en orden. Lulú tenía una muchacha que despachaba y un chico para los recados. Andrés estuvo sentado un momento. Entraba bastante gente en la tienda.
—El otro día vino Julio—dijo Lulú—y hablamos mal de usted.