—¿De manera que el amor en el fondo es un engaño?

—Sí; es un engaño como la misma vida; por eso alguno ha dicho, con razón: una mujer es tan buena como otra y a veces más; lo mismo se puede decir del hombre: un hombre es tan bueno como otro y a veces más.

—Eso será para la persona que no quiere.

—Claro, para el que no está ilusionado, engañado... Por eso sucede que los matrimonios de amor producen más dolores y desilusiones que los de conveniencia.

—¿De verdad cree usted eso?

—Sí.

—¿Y a usted qué le parece que vale más, engañarse y sufrir o no engañarse nunca?

—No sé. Es difícil saberlo. Creo que no puede haber una regla general.

Estas conversaciones les entretenían.