SEGUNDA PARTE
Las Carnarias.

I
LAS MINGLANILLAS

Julio Aracil había intimado con Andrés. La vida en común de ambos en San Carlos y en el hospital, iba unificando sus costumbres, aunque no sus ideas ni sus afectos.

Con su dura filosofía del éxito, Julio comenzaba a sentir más estimación por Hurtado que por Montaner.

Andrés había pasado a ser interno como él; Montaner, no sólo no pudo aprobar en estos exámenes, sino que perdió el curso, y abandonándose por completo, empezó a no ir a clase y a pasar el tiempo haciendo el amor a una muchacha vecina suya.

Julio Aracil comenzaba a experimentar por su amigo un gran desprecio y a desearle que todo le saliera mal.

Julio, con el pequeño sueldo del hospital, hacía cosas extraordinarias, maravillosas; llegó hasta jugar a la Bolsa, a tener acciones de minas, a comprar un título de la Deuda.

Julio quería que Andrés siguiera sus pasos de hombre de mundo.