—Te voy presentar en casa de las Minglanillas—le dijo un día riendo.

—¿Quiénes son las Minglanillas?—preguntó Hurtado.

—Unas chicas amigas mías.

—¿Se llaman así?

—No; pero yo las llamo así; porque, sobre todo la madre, parece un personaje de Taboada.

—¿Y qué son?

—Son unas chicas hijas de una viuda pensionista. Niní y Lulú. Yo estoy arreglado con Niní, con la mayor; tú te puedes entender con la chiquita.

—¿Pero arreglado hasta qué punto estás con ella?

—Pues hasta todos los puntos. Solemos ir los dos a un rincón de la calle de Cervantes, que yo conozco, y que te lo recomendaré cuando lo necesites.

—¿Te vas a casar con ella después?