—A mí ningún pollo neque me toma el pelo—dijo el Chafandín, levantándose.

—Yo lo que voy a hacer—dijo Andrés irritado—es darle un silletazo en la cabeza y echarle a puntapiés por las escaleras.

—¿Usted?

—Sí; yo.

Y Andrés se acercó al chulo con la silla en el aire. Doña Leonarda y sus hijas empezaron a gritar; el Chafandín se acercó rápidamente a la puerta y la abrió. Andrés se fué a él; pero el Chafandín cerró la puerta y se escapó por la galería, soltando bravatas e insultos.

Andrés quería salir a calentarle las costillas para enseñarle a tratar a las personas; pero entre las mujeres y Julio le convencieron de que se quedara.

Durante toda la riña Lulú estaba vibrando, dispuesta a intervenir. Cuando Andrés se despidió, le estrechó la mano entre las suyas con más fuerza que de ordinario.

VII
HISTORIA DE LA VENANCIA

La escena bufa con Manolo el Chafandín hizo que en la casa de doña Leonarda se le considerara a Andrés como a un héroe. Lulú le llevó un día al taller de la Venancia. La Venancia era una de estas viejas secas, limpias, trabajadoras; se pasaba el día sin descansar un momento.