Manolo el Chafandín se sentó, algo escamado.

—Ahora, diga usted—siguió diciendo Andrés—qué es lo que usted quiere, en resumen.

—¿En resumen?

—Sí.

—Pues yo quiero una explicación.

—Una explicación, ¿de qué?

—De las palabras que ha dicho aquí (y volvió a señalar a Lulú) contra mi señora y contra este servidor.

—Vamos, hombre, no sea usted imbécil.

—Yo no soy imbécil.

—¿Qué quiere usted que diga esta señorita? ¿Que su mujer no es una zorra, ni una borracha, ni un perro, y que usted no es un cabronazo? Bueno; Lulú, diga usted eso para que este buen hombre se vaya tranquilo.