VI
LA CABALLERÍA ENEMIGA

Siempre que acometíamos á tropas de caballería pesada, dragones ó coraceros, maniobrábamos á nuestro capricho y dominábamos la situación.

La caballería ligera, formada por húsares y cazadores, era mucho más peligrosa; pues la velocidad de los caballos y la agilidad y pequeña talla de los jinetes les permitía darnos alcance y estorbar nuestro sistema de retirarnos y reunirnos rápidamente.

Como he dicho varias veces, no atacábamos mas que á columnas ó destacamentos menores que los nuestros.

Esas historias de partidas de campesinos que vencen á doble número de tropas regulares, creo que no pasan de ser historias. Claro que habrá casos de éstos; pero, en general, la victoria en la guerra es una resultante de fuerzas, y el que en un momento presente más hombres disciplinados con mayor suma de medios, vencerá.

La lógica y el sentido común triunfan en los campos de batalla como en todas partes.

La caballería pesada, poco temible por su lentitud, era peligrosa en las luchas cuerpo á cuerpo. Nosotros teníamos gente fuerte y aguerrida, pero no se podían comparar con los coraceros imperiales.

Sobre todo los alemanes, á quienes conocíamos por sus correas amarillas, eran unos bárbaros. Había entre ellos hombres que de un sablazo eran capaces de cortar el tronco de una encina.