Si en la conversación se hablaba de los sucesos del año 8 al 14 y yo daba detalles, me preguntaban:
—¿Es que estuvo usted en la guerra de la Independencia?
Yo contestaba que sí.
Era para mí un gran honor.
—¿Con quién?—me preguntaban.
—Con el cura Merino.
Y todo el que me oía creía que era un absolutista.
El general Mina, hombre intransigente y algo arbitrario, nunca se fió de mí, sólo por eso. Varias veces dijo á algunos amigos suyos y míos que bastaba que yo hubiese guerreado con Merino para que no creyese en la sinceridad de mis ideas liberales.