Este coronel, recién venido á la ciudad castellana iba á ser enviado á operar á la sierra con una columna bastante grande.
Merino contó esto sin más comentario; pero se comprendió que tenía algo más que añadir, que estaba tramando otra cosa.
Después de un largo silencio nos dijo:
—La cuestión sería saber qué propósitos tiene ese coronel francés.
—¿Y eso cómo se podría averiguar?—preguntó Fermina la Navarra.
El cura quedó pensativo, y de pronto, dirigiéndose á doña Mariquita y á Fermina, exclamó:
—¿Ustedes no se atreverían á ir á Burgos á casa del director?
Este era el pensamiento de Merino desde que había llegado; pero, como siempre, había ido guardándoselo hasta encontrar el momento oportuno de expresarlo.
—Yo, por mi parte, sí—contestó Fermina la Navarra.
—Yo también—repuso doña Mariquita.