—¿Qué pretexto podrían ustedes llevar?

—Me pueden acompañar á mí, que voy á Burgos á que me vea un médico—indiqué yo.

—¡Hombre! Es verdad. Este pisaverde siempre tiene salida—dijo Merino—. Muy bien.

Se decidió que durante el viaje y la estancia en Burgos yo sería hermano de doña Mariquita y marido de Fermina.

Ellas vestirían de serranas; yo, de aldeano acomodado.

Se hicieron los preparativos, y á la mañana siguiente salimos los tres en un birlocho.

Por la tarde llegamos á Burgos.

BURGOS BAJO EL DOMINIO FRANCÉS

Burgos, en esta época, abandonado por casi todo el vecindario rico, presentaba un aspecto triste de soledad y miseria. El pueblo entero era una cloaca infecta; el hambre, la ruina, la desesperación se enseñoreaban por todas partes.

Tres pies de inmundicia llenaban las calles; para pasar de una acera á otra los vecinos abrían zanjas con el pico y con la azada.