EL DEMONIO

Un oficial de quien se hablaba mucho en Burgos, por escandaloso é impío, era un capitán á quien llamaban el Demonio.

El Demonio se manifestaba anticatólico furioso. Un día, el día de Pascua, entró en la catedral, se santiguó y se colocó delante del altar mayor. Comenzó la misa, y el Demonio se puso á cantar con los curas, luciendo su voz, que hacía retemblar las vidrieras de la catedral.

Otro día se empeñó en subir al púlpito, asegurando que tenía que predicar la vida y milagros de San Napoleón Bonaparte.

Con las atrocidades de Dorsenne y las bromas del Demonio, Burgos entero estaba horrorizado. Probablemente, los burgaleses se espantaban más de las impiedades del Demonio que de las suspensiones ordenadas por Dorsenne, porque el hombre es bastante absurdo para dar más importancia á los ídolos que inventa él, que no á la vida que le crea y le sostiene.


II
LA COQUETERÍA DE DOÑA MARIQUITA

Al día siguiente de llegar á Burgos estaba yo hablando con el director en su despacho, cuando se presentó el coronel de caballería alojado en su casa.

Monsieur Charles Bremond era un normando de unos treinta á treinta y cinco años, alto, rojo, fuerte, guapo mozo, si no hubiera trascendido tanto á cuerpo de guardia. El director, Bremond y yo estuvimos hablando un momento.