—No, usted no.

—¿Por qué?

—Porque está usted muy reumático.

—¡Pero si estoy curado ya, doña Mariquita!

A Fermina, que no le hacían gracia estas bromas, cambiando de conversación, puso al director al corriente de lo que pasaba, y le dijo que veníamos enviados por Merino para averiguar los proyectos de los franceses.

—¡Sus proyectos!—exclamó el director—. Sus proyectos son claros. Consisten en fusilar, ahorcar, agarrotar á todo bicho viviente. En particular, el conde de Dorsenne y el gobernador Solignac se han decidido á acabar con los españoles y á arrasar el país.

Fermina la Navarra afirmó colérica que había que contestar á la guerra de exterminio, exterminando á todo francés que cayera en nuestras manos.

—¡Si pudiéramos averiguar qué planes tienen!—exclamó doña Mariquita.

—Yo he hecho lo posible—dijo el director—para sonsacar al coronel, que parece que tiene el deseo de dar una batida por el campo y de ir á la sierra; pero en detalle no he averiguado nada. Probablemente, desconfía. A ver si ustedes tienen más suerte.

—Veremos—dijeron ellas.