Al día siguiente, y á pesar de que los franceses se hallaban todavía lejos, se comenzó la distribución de fuerzas.

En el cerro ó fuerte natural próximo al Portillo quedaron ciento cincuenta hombres armados de carabinas.

Después de subir todos y llevar municiones para tres días, se deshizo la escalera con el objeto de que no pudiera aprovecharla el enemigo.

En una loma enfrente de este cerro, y á una distancia de un cuarto de legua, acamparíamos los del escuadrón del Brigante ocultos en un pinar.

A la salida del desfiladero quedaría la gente del Jabalí y el pequeño escuadrón de Burgos. Uniendo estos dos núcleos de fuerzas de caballería habría un semicírculo de guerrilleros.

Estos tiradores permanecerían escondidos entre las trincheras, parapetos, peñas, aliagas y retamas.

En conjunto, las tropas de Merino trazaban una C.

En el centro de la C estaría el jefe para poder dar sus órdenes á derecha é izquierda.

Las disposiciones de Merino tenían el carácter que á todo lo suyo imprimía el cura. Con aquella colocación de fuerzas se podían hacer muchas bajas al enemigo y retirarse con facilidad y rapidez, pero no se podía vencer.

Merino no había pensado en la eventualidad de una victoria completa.