Yo, al menos, de dirigir aquel movimiento, hubiera engrosado los núcleos de la entrada y salida del desfiladero, dejando sólo un centenar de tiradores en las trincheras del valle.
Así hubiese podido oponerse al avance de los franceses, cuando éstos intentaran forzar el paso, y obligarles á rendirse.
Los del Brigante nos instalamos en el pinar, donde estuvimos vivaqueando durante algunos días.
Por la mañana salíamos de descubierta hacia la Gallega, y por la noche rondábamos los alrededores del Portillo de Hontoria.
Una de estas noches se presentaron doña Mariquita con su hermana Jimena y su marido á la entrada del pinar.
El Brigante y yo las acompañamos hasta la salida del barranco.
Había á todo lo largo del desfiladero grandes fogatas, y los guerrilleros pasaban la noche alrededor de sus hogueras.
Habló doña Mariquita con Merino, y luego el cura vino conmigo hasta la avanzada.
—No vamos á tener gran función—me dijo Merino.